al liderazgo compartido y movilización de redes comunitarias optienen cubrir o satisfacer
parcialmente las necesidades locales.
Ante la problemática expuesta, esta investigación se plantea como objetivo general
analizar las estrategias de autogestión desarrolladas por los directivos escolares del cantón
Santo Domingo de los Colorados desde la perspectiva del liderazgo distribuido y el capital social,
con la finalidad de diseñar un marco conceptual y práctico que favorezca la dirección colaborativa
local. Con esta intención, se pretende incentivar que los dierctivos tengan iniciativas
autogestionarias como agentes transformadores que, no actuen de manera ailada o autónoma,
sino que su actuar sea de forma inteligente, razonable, para de esta manera, el grupo social que
rodea a sus instituciones, se involucre en las actividades de gestión y autogestión maximizando
el bienestar estudiantil y la cohesión comunitaria de su entorno.
Para alcanzar este propósito macro, la investigación propone objetivos específicos
orientados, tales como, especificar los mecanismos de liderazgo distribuido que se ejecuta
internamente en las unidades educativas del cantón. Se busca identificar y establecer las redes
de capital social y los vínculos asociativos que los directivos han elaborado con diversos actores
del ambiente escolar comunitario, empresarial e institucional de la localidad. Por último, se
propone evaluar la incidencia que estas estrategias combinadas de liderazgo participativo y
gestión de redes tienen sobre la sostenibilidad administrativa y la mejora continua de la
convivencia en las instituciones escolares participantes.
En coherencia con estos objetivos, es indispensable precisar las dimensiones teóricas
que fundamentan la práctica directiva de este estudio, desde la autogestión y de la gestión
escolar, el capital social instituye el andamio de relaciones de confianza, normas de reciprocidad
y de colaboración que el directivo proyecta y dinamiza para optimizar el funcionamiento de la
institución (Salvo & Cisternas, 2021). En el contexto educativo, tal concepto se traduce en la
capacidad del rector para sistematizar los vínculos internos entre docentes, estudiantes y familias
(capital social de unión o bonding), como esquemas externos de actores sociales asentados en
la sociedad, comunidades, Gobierno y el sector privado (capital social de puente o bridging)
(Valbuena & Sánchez, 2024). Para los líderes de las unidades educativas, el capital social deja
de ser un mero recurso, para convertirse en una instrumento de gestión estratégica
indispensable, la cual permite obtener y movilizar apoyos materiales, pedagógicos y de
infraestructura mediante la acción colectiva, conviertiendo las voluntades individuales en un
activo institucional de alto impacto para la mejora continua (Segarra & Gil, 2021).
Así mismo, el liderazgo distribuido rediseña la función tradicional del director como el
único tomador de decisiones, planteando que la colaboración y la dirección escolar son prácticas
de carácter colectivo que se desarrollan a través de múltiples actores dentro de la organización
(García, 2026) . En el ámbito escolar, este modelo implica una co-construcción interactiva, donde
el rector se desempeña como un guía, facilitador que lidera los docentes, coordinaciones y
padres de familias, que les permite asumir diferentes roles de liderazgo, desde las funciones de
cada actor en base a las habilidades y experiencia de cada uno (Díaz et al., 2023). Bajo la mirada
del directivo, el accionar de un liderazgo compartido se convierte en un elemento clave para
favorecer la resiliencia institucional, disgregar las demandas operacionales cotidianas y promover