Eneroabril 2026
Vol. 5, No. 1, 61-71
Doi: https://doi.org/10.69516/m5n9xm64
Revista Científica Multidisciplinaria Ogma / Eneroabril 2026 / Vol. 5, No. 1, 61-71
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Experiencias docentes en la aplicación de metodologías activas en
educación básica
Teachers experiences with the implementation of active learning methods in
elementary education
Toasa Lasluisa, Delfa Rubí
1
https://orcid.org/0000-0002-9279-0753
rubitoasa10@gmail.com
Unidad Educativa Particular Excelso
Espíritu Santo
Ecuador
Yaselga Fernández, Luis Alvaro
4
https://orcid.org/0009-0001-6563-1845
luis.yaselga@docentes.educacion.edu.ec
Unidad Educativa Fiscomisional
Semillitas de Dios
Ecuador
Miranda Defaz, Mishael Alejandro
2
https://orcid.org/0009-0008-1271-7638
mishael.miranda@educacion.docentes.edu.ec
Unidad Educativa Fiscomisional
Semillitas de Dios
Ecuador
Vite Palma, Sully Arletty
5
https://orcid.org/0009-0002-5273-587X
sully.vite@educacion.gob.ec
Unidad Educativa Luz de América
Ecuador
Mesías Saltos, Byron Bryan
3
https://orcid.org/0009-0003-8075-6018
bbmesias1@espe.edu.ec
Unidad Educativa Fiscomisional
Semillitas de Dios
Ecuador
Fonseca Gómez, Karina Genoveva
6
https://orcid.org/0009-0007-0427-8703
karina.fonseca@educacion.gob.ec
Unidad Educativa Manuel Agustín
Aguirre
Ecuador
1
Autor de correspondencia.
Recibido: 2026-04-03 / Aceptado: 2026-04-18 / Publicado: 2026-04-30
Forma sugerida de citar: Toasa Lasluisa, D. R., Miranda Defaz, M. A., Mesías Saltos, B. B., Yaselga Fernández, L.
A., Vite Palma, S. A., & Fonseca Gómez, K. G. (2026). Experiencias docentes en la aplicación de metodologías
activas en educación básica. Revista Científica Multidisciplinaria Ogma, 5(1), 61-
71. https://doi.org/10.69516/m5n9xm64
Resumen:
El trabajo de investigación tuvo la finalidad de analizar las experiencias
docentes en la aplicación de metodologías activas en educación básica,
identificando beneficios, desafíos y buenas prácticas, debido a que estas
metodologías se establecen como un marco de acción pedagógica que
favorece el aprendizaje, fortalece la motivación e influye en las relaciones
interpersonales del aula, lo cual se refleja en un mejor rendimiento
académico de los estudiantes. A partir de lo mencionado, la metodología se
enmarca en una revisión sistemática cualitativa basada en la guía PRISMA
con un diseño observacional de alcance retrospectivo, en la que se
utilizaron tres bases de datos como son Google Académico, Redalyc y
Dialnet. Por medio de los operadores booleanos y los descriptores se
obtuvo una población de 722 manuscritos, los cuales a partir del proceso de
cribado y los criterios de exclusión se determiuna muestra 12 artículos
para la síntesis cualitativa. Los resultados expuestos a través de la pregunta
PICO demuestran que las metodologías activas que mejores resultados de
aprendizaje tienen en la práctica son el aprendizaje basado en problemas
(ABP), aprendizaje basado en proyectos (ABPro), aprendizaje colaborativo,
aprendizaje cooperativo, aula invertida y gamificación. Finalmente, en la
conclusión se deja en claro que las metodologías activas mejoran
aprendizaje, motivación, habilidades sociales y requieren formación
docente continua e institucional.
Palabras clave: Metodología de aprendizaje, Educación sica,
Experiencia docente, Rendimiento académico, Motivación, Capacitación
docente, Innovación educativa.
Abstract:
The purpose of this research was to analyze teachers experiences in
applying active methodologies in elementary education, identifying benefits,
challenges, and best practices, given that these methodologies serve as a
pedagogical framework that promotes learning, strengthens motivation, and
influences interpersonal relationships in the classroomall of which
contribute to improved academic performance among students. Based on
the above, the methodology is framed within a qualitative systematic review
based on the PRISMA guidelines with a retrospective observational design,
in which three databases were used: Google Scholar, Redalyc, and Dialnet.
Using Boolean operators and descriptors, a population of 722 manuscripts
was identified; following the screening process and exclusion criteria, a
sample of 12 articles was selected for the qualitative synthesis. The results
presented through the PICO framework demonstrate that the active
methodologies yielding the best learning outcomes in practice are problem-
based learning (PBL), project-based learning (PBL), collaborative learning,
cooperative learning, the flipped classroom, and gamification. Finally, the
conclusion makes it clear that active methodologies improve learning,
motivation, and social skills and require ongoing teacher and institutional
training.
Keywords: Learning methodology, Basic education, Teaching experience,
Academic performance, Motivation, Teacher training, Educational
innovation.
Eneroabril 2026
Vol. 5, No. 1, 61-71
Doi: https://doi.org/10.69516/m5n9xm64
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1. INTRODUCCIÓN
Las metodologías activas de aprendizaje constituyen un enfoque pedagógico que sitúa al
estudiante en el centro del proceso educativo, promoviendo su participación reflexiva, crítica y
colaborativa en la construcción del conocimiento; en contraste, a diferencia de los modelos
tradicionales centrados en la transmisión unidireccional de información, estas metodologías
conciben el aprendizaje como una experiencia dinámica donde el estudiante experimenta,
analiza y aplica los contenidos en contextos reales o simulados. Como explica Guimarães et al.
(2022), su fundamento radica en la idea de que el conocimiento se consolida mediante la acción,
la resolución de problemas y la interacción social; por ello, el docente asume un rol mediador que
orienta, estimula y retroalimenta, más que instruir de forma lineal.
Entre las estrategias más representativas se encuentran el aprendizaje basado en
problemas (ABP), el aprendizaje basado en proyectos (ABPro), el aula invertida y la gamificación,
todas ellas enfocadas en el desarrollo de competencias cognitivas superiores como el análisis,
la síntesis, la creatividad y la autorregulación; en este sentido, Zúñiga (2025) sostiene que dichas
metodologías favorecen la articulación entre teoría y práctica, fortalecen el pensamiento crítico y
estimulan la autonomía intelectual al involucrar al estudiante en la toma de decisiones y en la
resolución de situaciones complejas. Por ello, estas estrategias no sólo buscan mejorar el
rendimiento académico, sino también cultivar la reflexión ética, el compromiso social y la
capacidad de aprender de manera continua, integrando lo emocional y lo cognitivo en un mismo
proceso formativo.
Con relación a lo explicado, en el contexto de la educación básica, las metodologías
activas transforman la dinámica del aula al fomentar la cooperación y la inclusión; en efecto, el
aprendizaje colaborativo, la gamificación y el aula invertida han demostrado aumentar la
motivación, la autoconfianza y la retención de los contenidos, consolidando un aprendizaje más
significativo y participativo. En conjunto, los aportes de Guimarães et al. (2022) y Zúñiga (2025)
coinciden en que estas metodologías redefinen el rol docente y convierten el aula en un espacio
de construcción colectiva del saber, donde aprender implica hacer, pensar y convivir en
comunidad.
Con base en la revisión crítica de antecedentes, se inicia con el estudio desarrollado por
Fredriksen et al. (2025) mediante el Proyecto Pedagógico Orientado a la Salud, el cual demostró
que la integración del active learning (aprendizaje activo) en la educación primaria mejora el
rendimiento académico en lectura, matemáticas e inglés. De hecho, al incorporar actividades
físicas dentro de la enseñanza, los estudiantes incrementaron su motivación, atención y
memoria, generando un aprendizaje más significativo; por lo tanto, los autores sostienen que el
active learning fomenta tanto la salud como el desarrollo cognitivo y, constituye una estrategia
integral que transforma la dinámica escolar tradicional hacia un enfoque participativo y saludable.
Según Konopka et al. (2025), las metodologías activas de enseñanza y aprendizaje
transforman el paradigma educativo tradicional al ubicar al estudiante como protagonista en la
construcción del conocimiento; en este marco, estrategias como el aprendizaje cooperativo, la
resolución de problemas y la experimentación no solo favorecen la autonomía, sino que también
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estimulan el pensamiento crítico. Aunque los autores advierten que la implementación de estas
metodologías se ve limitada por la falta de formación docente y por la escasa claridad conceptual,
sostienen que, lejos de reemplazar la clase magistral, dichas estrategias la complementan al
promover la creatividad y al fortalecer la metacognición en los entornos universitarios
contemporáneos.
La revisión sistemática de Li y Kangas (2025) sobre el aprendizaje lúdico en educación
primaria propone una pedagogía activa basada en la creatividad, la emoción y la colaboración.
Las autoras identifican cuatro fases en la práctica docente: planificación, orientación, juego y
elaboración, donde el maestro actúa como facilitador y cojugador. Este enfoque estimula la
curiosidad, la exploración y la reflexión, fortaleciendo habilidades cognitivas, sociales y
comunicativas. En consecuencia, el aprendizaje lúdico se presenta como una alternativa
inclusiva y significativa que integra mente, cuerpo y emoción en el proceso educativo.
El estudio de Macías y Ordóñez (2025) examina el impacto de las metodologías activas
en la enseñanza de las matemáticas, evidenciando que estas no solo promueven el aprendizaje
significativo, sino que también fortalecen competencias clave como la resolución de problemas,
el pensamiento gico y la reflexión crítica; en este contexto, las estrategias como la gamificación,
el ABPro y el ABP se revelan altamente efectivas. Si bien las autoras advierten que la falta de
capacitación docente y la escasez de recursos limitan su implementación, reconocen que dichas
metodologías poseen un potencial transformador al favorecer una enseñanza participativa y
contextualizada.
En la revisión sistemática, Sari et al. (2025) analizan diversas estrategias de aprendizaje
activo aplicadas entre 2022 y 2024, y confirman su impacto positivo en la motivación, la retención
y la interacción en el aula; dentro de este panorama, se destacan modelos como el Active
Learning Pedagogical Sequence (Secuencia Pedagógica de Aprendizaje Activo), el Flipped
Classroom (aula invertida) y los problem-based projects (proyectos basados en problemas).
Asimismo, la incorporación de tecnologías como ChatGPT potencia tanto la exploración
autónoma como la colaboración entre estudiantes; por ello, los autores concluyen que el
aprendizaje activo fortalece las competencias del siglo XXI al fomentar el pensamiento crítico, la
comunicación efectiva y el compromiso sostenido.
Con base en los antecedentes, la justificación de esta revisión se sustenta en la necesidad
de comprender cómo las metodologías activas se constituyen en un eje de transformación
educativa frente a los desafíos contemporáneos; en este sentido, la investigación reciente
enfatiza que la educación del siglo XXI requiere reformular sus fundamentos para responder a
las demandas sociales, culturales y tecnológicas actuales. Bajo esta perspectiva, la innovación
educativa debe entenderse no solo como un cambio instrumental, sino como una renovación
ética y social que coloque al ser humano en el centro del proceso formativo; tal como sostienen
Jasso et al. (2025), la innovación debe ser vista desde un enfoque crítico que supere los
paradigmas tecnocráticos y mercantilizados, orientando las prácticas pedagógicas hacia el
bienestar colectivo y la transformación social.
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Del mismo modo, Portero y Medina (2025) destacan que las metodologías activas
promueven un aprendizaje experiencial, colaborativo y contextualizado, centrado en el
estudiante; esta perspectiva exige una profunda revisión tanto del rol docente como del uso de
la tecnología en el aula. A partir de su estudio, se evidencia que estrategias como la gamificación,
el ABPro y el aula invertida fomentan la motivación, el pensamiento crítico y la autonomía en
contextos reales, lo cual contribuye al fortalecimiento de la calidad educativa en la educación
básica; en consecuencia, se justifica la necesidad de integrar estas metodologías como prácticas
transformadoras que rompen con la enseñanza tradicional y promueven una educación inclusiva,
participativa y significativa.
La presente revisión, por tanto, se plantea como una contribución analítica que articula
perspectivas teóricas y empíricas sobre el papel de las metodologías activas en distintos niveles
educativos; su relevancia radica en visibilizar que la innovación pedagógica no puede limitarse a
un discurso de modernización, sino que debe estar acompañada de fundamentos filosóficos,
sociales y éticos que respalden su pertinencia. Al integrar las reflexiones de Jasso et al. (2025)
y Portero y Medina (2025), se configura una visión crítica y propositiva que concibe las
metodologías activas como un medio para alcanzar una educación transformadora, equitativa y
coherente con las exigencias de una sociedad global, digital y humanista.
En definitiva, esta revisión busca consolidar una comprensión crítica sobre el papel que
desempeñan las metodologías activas en la educación básica, reconociéndolas como estrategias
esenciales para promover aprendizajes significativos, colaborativos y duraderos; de hecho, la
evidencia analizada demuestra que su aplicación no solo impulsa la motivación y la autonomía
de los estudiantes, sino que también transforma la práctica docente al orientarla hacia la
innovación, la reflexión y la adaptación a las nuevas demandas educativas.
De esta manera, el estudio se erige como un aporte al fortalecimiento de una educación
centrada en el estudiante, donde la interacción, la creatividad y el pensamiento crítico se integran
como componentes fundamentales del desarrollo integral y del mejoramiento continuo de la
calidad educativa, lo cual reafirma la necesidad de formación inicial y continua en los docentes
con relación a las metodologías activas, ya que en la actualidad son el presente y futuro de la
educación. Por ello, el objetivo que se plantea es analizar las experiencias docentes en la
aplicación de metodologías activas en educación básica, identificando beneficios, desafíos y
buenas prácticas.
2. MATERIALES Y MÉTODOS
La metodología del estudio se basó en un diseño observacional con alcance
retrospectivo, debido a que se realizó una búsqueda de literatura académica en los últimos años
sobre la aplicación de estrategias activas dentro del contexto de la educación básica. De este
modo, no se tuvo que realizar manipulación de variables, ya que se basó en los resultados y
experiencias logradas en diferentes estudios con base en sus tendencias, buenas prácticas y
desafíos en la implementación de metodologías activas en el aula de clases.
De forma particular, el proceso metodológico se basó en la guía PRIMA, sobre la cual se
realizan revisiones de literatura a través de una pregunta denominada PICO (población,
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intervención, comparación y resultados). De este modo, la población estuvo conformada de 722
resultados en la búsqueda inicial, de los cuales, por medio de la aplicación de los criterios de
selección, se tomó una muestra definitiva de 12 artículos para la síntesis cualitativa. El proceso
descrito, se lo realizó con rigurosidad y apoyado de la herramienta de revisión de literatura con
estructura de inteligencia artificial Scispace.
La búsqueda de literatura académica se desarrolló entre el mes de septiembre y octubre
de 2025 en tres bases de dato con acceso libre: Google Académico, Redalyc y Dialnet. A pesar
de que se pudo utilizar otras bases de datos, al no tener resultados en la búsqueda, se prefirió
no nombrarlas en el manuscrito. Por medio de la aplicación operadores booleanos (AND, OR,
NOT) se combinaron las palabras clave: “metodología activa”, “práctica”, “educación básica”,
“primaria”, “aplicación” y “docente”. Una vez encontrados los resultados, la aplicación sistemática
de criterios permitió identificar investigaciones que respondieran a la pregunta orientadora,
priorizando estudios que abordaran experiencias docentes y evidencias de aplicación en
entornos reales.
Los criterios de inclusión se establecieron con base en la calidad y pertinencia de la
evidencia: (a) estudios con resultados empíricos cualitativos o cuantitativos; (b) experiencias o
aplicaciones prácticas en el aula; (c) documentos publicados en formato de artículo científico; (d)
publicación en el periodo 20242025; (e) redactados en idioma español; (f) con acceso completo
al texto. Por el contrario, se excluyeron aquellos trabajos que: (a) no se relacionan con la
educación básica; (b) escritos en otro idioma; (c) sin intervención práctica; (d) no corresponden
a artículos científicos; (e) otras revisiones bibliográficas o sistemáticas (ver Tabla 1).
Por último, la información extraída de los artículos seleccionados fue sometida a un
proceso de análisis cualitativo con relación a la pregunta PICO y la comparación de hallazgos y
la identificación de patrones comunes entre los estudios. Este procedimiento permitió construir
una síntesis interpretativa que reflejó el estado actual del conocimiento sobre la aplicación de
metodologías activas en la educación básica, aportando evidencias sólidas y contextualizadas
para la mejora de la práctica pedagógica.
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3. RESULTADOS
A continuación, se presentan los resultados de la revisión sistemática a través del
diagrama de flujo PRISMA:
Figura 1
Diagrama prisma
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A partir de la búsqueda de literatura académica en las bases de datos, se realizó el
procesamiento de los artículos seleccionados para la revisión sistemática cualitativa, a través del
acrónimo PICO (población, intervención o exposición, comparación y resultado):
Tabla 1
Revisión sistemática cualitativa de los artículos seleccionados
Autores y
año de
publicación
P:
Población/muestra
I:
Intervención
C: Comparación
O: Resultados
Diseño e
instrumentos
Nivel
educativo
Casanova y
Zambrano
(2025)
14 estudiantes de
primaria con
dificultades en la
autorregulación y
resolución de
conflictos.
Aprendizaje
basado en
problemas
con enfoque
cooperativo.
Grupo sin ABP, metodología
expositiva.
El análisis descriptivo mostró una mejora del 28% en actitudes
colaborativas y una reducción del 22% en conflictos
interpersonales. Los docentes señalaron aumento en la autonomía y
compromiso de los estudiantes (r=0.61 entre motivación y
desempeño).
Cuantitativo,
descriptivo–
correlacional;
encuestas y
observación.
Educación
básica.
Hernández
(2024)
200 estudiantes
(5.º–6.º) con bajo
rendimiento
matemático.
Aprendizaje
basado en
problemas.
Grupo control con
enseñanza tradicional.
Los resultados evidenciaron diferencias significativas (U=1336.0;
p<0.05) a favor del grupo experimental. El rendimiento académico
promedio aumentó en +1.8 puntos (sobre 10) y se redujo la ansiedad
matemática en un 15%. Se observaron mejoras en actitud positiva
(Δ=+0.47 en escala Likert 1–5).
Cuasiexperimental
longitudinal;
cuestionario
TIMSS pre/post.
Educación
básica.
Bernal et
al. (2025)
120 estudiantes
(4.º–6.º) con baja
comprensión
científica.
Aprendizaje
basado en
proyectos
con realidad
aumentada
(RA).
Grupo control sin RA ni
proyectos.
Se reportaron diferencias significativas (t=4.76; p<0.001) en
competencias científicas; los estudiantes del grupo experimental
mejoraron 20% en análisis de datos y 25% en planteamiento de
hipótesis. La motivación aumentó +0.9 puntos en escala Likert, y la
participación grupal se incrementó en un 32%.
Cuasiexperimental;
pruebas pre/post,
encuestas y
rúbricas.
Educación
básica.
Delgado y
Díaz (2025)
60 estudiantes de
secundaria con
bajo pensamiento
crítico.
Aprendizaje
basado en
proyectos
orientado al
razonamiento
analítico.
Grupo control con instrucción
expositiva.
El grupo experimental alcanzó una mejora significativa (U=32.5; Z=-
6.194; p=0.001). La diferencia de medias fue >40 puntos, y 83.3% del
grupo experimental se ubicó en nivel alto de pensamiento crítico frente
a 86.7% del control en nivel bajo.
Cuasiexperimental
aplicado; prueba
de pensamiento
crítico pre/post.
Educación
básica.
Contreras
et al. (2024)
200 estudiantes de
educación básica
media.
Aprendizaje
colaborativo.
Estudiantes sin estructura
colaborativa.
El análisis correlacional reveló una relación positiva alta entre trabajo
colaborativo y rendimiento académico (r=0.83; p<0.01). El 93% de los
estudiantes con participación activa obtuvo calificaciones superiores al
promedio, confirmando la eficacia del aprendizaje social estructurado.
Cuantitativo,
correlacional;
encuesta y análisis
de calificaciones.
Educación
básica
media.
Navarrete
et al. (2025)
90 estudiantes de
tres instituciones
urbanas.
Aprendizaje
colaborativo.
Grupo control sin
gamificación.
El rendimiento académico del grupo experimental aumentó en +1.5
puntos (p<0.05). Los niveles de motivación mejoraron en 27%, y la
ansiedad matemática disminuyó en 18%. Los docentes reportaron una
mejora del 40% en participación y un clima de aula más inclusivo y
cooperativo.
Mixto,
cuasiexperimental
(control vs
experimental);
pruebas,
encuestas y
entrevistas.
Educación
básica.
Cueva et al.
(2025)
40 estudiantes de
7.º con dificultades
en operaciones
combinadas.
Aprendizaje
cooperativo.
Grupo control tradicional.
Prueba de Wilcoxon indicó mejoras significativas (Z=-3.42; p<0.01) en
el grupo experimental. El promedio pasó de 6.1 a 8.3/10, mientras que
el control subió solo de 6.0 a 6.7. Se observó mayor autoconfianza y
retención conceptual.
Cuasiexperimental
explicativo
(pre/post); prueba
pedagógica.
Educación
básica.
Navas et al.
(2024)
Estudiantes con
bajo rendimiento e
interacción limitada.
Aprendizaje
cooperativo.
Grupo tradicional sin
cooperación estructurada.
El grupo experimental incrementó +13 puntos en Matemática y
Lengua, frente a +2 puntos del control. En interacción social, el
aumento fue de +1.1 puntos (escala 1–5). Se reportó una mejora del
24% en cohesión grupal.
Cuasiexperimental;
pruebas
académicas y
escala de
interacción social.
Educación
básica.
Díaz et al.
(2025)
41 estudiantes de
9.º con bajo
desempeño
comunicativo.
Aula
invertida.
Grupo control tradicional.
Las pruebas pre/post revelaron incrementos medios de +22% en
comprensión lectora, +18% en expresión oral y +25% en gramática
y vocabulario. La diferencia de medias fue significativa (t=5.82;
p<0.001). El 87% de los participantes valoró positivamente la
metodología.
Cuantitativo
explicativo-
aplicativo
(pre/post);
cuestionario y
prueba de
competencias
comunicacionales.
Educación
básica
Guaminga
et al. (2025)
120 estudiantes y 8
docentes.
Aula invertida
con Canva y
Genially.
Grupo control con clases
expositivas.
El rendimiento mejoró +18% en el grupo experimental frente a +7% en
el control. Se observó una disminución del esfuerzo mental percibido
(–0.8 puntos en escala NASA-TLX; p<0.05) y un incremento del 30%
en motivación. Los docentes reportaron mayor autogestión del
aprendizaje.
Mixto,
cuasiexperimental
(control vs
experimental);
cuestionarios,
exámenes y
observaciones.
Educación
básica
Mayorga et
al. (2025)
120 estudiantes
rurales (60 control,
60 experimental) y
4 docentes.
Gamificación
en
matemáticas.
Grupo control sin
gamificación.
Los resultados cuantitativos mostraron una mejora de +2.7 puntos en
promedio (8.1 vs 5.4; t=6.09; p<0.001). La motivación intrínseca
aumentó entre +1.1 y +1.3 puntos en todas las dimensiones del
cuestionario. Los docentes reportaron reducción del 25% en
conductas disruptivas y mayor persistencia ante desafíos.
Mixto,
cuasiexperimental
(control vs
experimental);
prueba
diagnóstica,
cuestionario Likert
y entrevistas.
Educación
básica
Vásquez et
al. (2025)
107 estudiantes de
10.º año.
Gamificación
en
matemáticas.
Grupo control tradicional.
El grupo experimental alcanzó calificaciones ≥7/10 en 60% de los
casos frente a 28% en el control. La motivación fue valorada como
“buena” o superior por el 57% de los estudiantes, mientras que el
42.59% reportó motivación regular. El aprendizaje fue calificado como
“bueno” o “muy bueno” por 35.19% y 22.22% respectivamente.
Diferencias estadísticamente significativas en rendimiento (p<0.05).
Cuantitativo,
experimental
(control vs
experimental);
encuesta de
satisfacción y
prueba
pedagógica.
Educación
básica.
Nota. Elaborador por la autora.
Los hallazgos de la Tabla 1 evidencian que las metodologías activas transforman la
dinámica del aula y el rol del estudiante, ya que el aprendizaje deja de ser pasivo y se convierte
en una experiencia práctica, construida a partir de la interacción, la exploración y la resolución
de situaciones reales. En complemento a lo explicado, surge el trabajo en grupo como el eje
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troncal en la aplicación de metodologías activas, debido a que la colaboración fortalece
habilidades sociales, mejora la comunicación y fomenta el respeto por la diversidad, dentro de
un marco integral de inclusión.
En este ámbito, la cooperación reemplaza la competencia y el error, además se valora
como parte del proceso formativo, provocando una evolución en las relaciones interpersonales,
lo que se agrega al uso de tecnologías y entornos digitales. Es evidente que las estrategias como
el aula invertida y la gamificación incorporan el juego, la creatividad y el descubrimiento,
generando mayor motivación y conexión emocional con las actividades escolares; sin embargo,
las demás metodologías descritas en la Tabla 1 no son ajenas a esta evidencia empírica.
En efecto, los resultados alcanzados con la revisión demuestran que las metodologías
activas no solo mejoran el rendimiento académico, sino que también desarrollan competencias
como la autorregulación, la empatía y la confianza. Por ello, el aula se redefine como un espacio
dinámico, donde aprender implica participar, pensar, compartir y disfrutar de forma individual
como colectiva.
4. DISCUSIÓN
Los resultados obtenidos en la revisión sistemática evidencian una coherencia
significativa con los planteamientos teóricos abordados en los antecedentes, particularmente en
relación con la centralidad del estudiante y la transformación del rol docente dentro del proceso
educativo. De este modo, las metodologías activas generan un cambio sustancial en la dinámica
del aula, pasando de un modelo centrado en la transmisión de contenidos hacia un enfoque
participativo, reflexivo y colaborativo. Esta constatacn empírica coincide con los argumentos de
Guimarães et al. (2022) y Zúñiga (2025), quienes sostienen que el aprendizaje activo potencia
las capacidades cognitivas y socioemocionales mediante la experiencia directa y la interacción,
sin embargo, los resultados de la revisión confirman que su efectividad no radica únicamente en
la técnica aplicada, sino en la manera en que los docentes la contextualizan y adaptan al entorno
de los estudiantes, aspecto que también subraya Portero y Medina (2025) al referirse a la
necesidad de una pedagogía flexible y significativa.
En este sentido, la contrastación entre los estudios revisados y los planteamientos
teóricos de autores como Fredriksen et al. (2025) o Li y Kangas (2025) revela una relación directa
entre la implicación emocional del estudiante y la consolidación del aprendizaje significativo, ya
que estrategias como la gamificación, el aprendizaje basado en proyectos o el aula invertida, no
solo mejoran el rendimiento académico, sino que fortalecen la motivación intrínseca, la
cooperación y la autogestión; sin embargo, la revisión también deja ver limitaciones en la
implementación, especialmente vinculadas a la falta de capacitación docente y a la resistencia
institucional frente a la innovación metodológica. Por ello, este hallazgo matiza las posturas s
optimistas de los estudios internacionales, mostrando que el contexto local, en este caso, la
educación básica ecuatoriana, presenta condiciones desiguales en recursos, infraestructura y
acompañamiento formativo que pueden afectar los resultados esperados.
Del mismo modo, se observa que las metodologías activas no solo aportan a la mejora
del rendimiento académico, sino que inciden en la construcción de una cultura educativa más
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participativa e inclusiva, debido a que para Jasso et al. (2025), la innovación pedagógica derivada
de estas estrategias no puede ser entendida únicamente como un cambio técnico, sino como
una práctica ética que promueve el desarrollo humano integral. En efecto, las experiencias
analizadas demuestran que la cooperación, la reflexión crítica y el aprendizaje situado
contribuyen al fortalecimiento de valores como la empatía, la corresponsabilidad y el respeto por
la diversidad, aspectos que confirman la dimensión formativa de estas metodologías; sin
embargo, el análisis comparativo también sugiere que no todas las experiencias alcanzan el
mismo impacto: mientras la gamificación y el aula invertida muestran resultados positivos en
motivación y retención, las estrategias cooperativas y basadas en problemas requieren mayor
acompañamiento docente para garantizar su efectividad sostenida.
En definitiva, la discusión permite afirmar que los resultados empíricos respaldan las
bases teóricas que conciben al estudiante como agente activo de su aprendizaje, pero al mismo
tiempo, invitan a repensar la implementación de estas metodologías desde una perspectiva
institucional, formativa y contextual. De hecho, las metodologías activas, más que modas
pedagógicas, representan una transformación estructural del acto educativo, en la medida en
que combinan innovación, reflexión crítica y compromiso social, confirmando así su potencial
para mejorar la calidad educativa y promover un aprendizaje integral y duradero.
5. CONCLUSIONES
Los resultados de esta revisión muestran que la experiencia de los docentes en el uso de
metodologías activas en la escuela primaria tiene un efecto positivo en los logros de aprendizaje
como en el desarrollo de habilidades sociales, emocionales y cognitivas. En tal sentido, al
implementar estos enfoques como el aprendizaje basado en proyectos, el aula invertida o la
gamificación reportan una mayor motivación de los estudiantes, un ambiente de aula colaborativo
y procesos de aprendizaje más profundos y significativos.
Por otro lado, se identificó que las metodologías más utilizadas en este nivel educativo
son el aprendizaje cooperativo, el aprendizaje basado en problemas, el aprendizaje basado en
proyectos, los juegos y el aula invertida; de hecho, a pesar de sus diferencias, todos comparten
una orientación hacia la participación activa de los estudiantes y el uso de la tecnología como
medio de comunicación; sin embargo, su uso efectivo esdeterminado por factores como la
formación docente, la planificación institucional y la disponibilidad de recursos, que inciden
directamente en los resultados alcanzados.
Por último, se encontró que estos métodos fortalecen la autonomía de los estudiantes, el
pensamiento crítico y las habilidades de resolución de problemas, promoviendo un aprendizaje
contextualizado y a largo plazo, ya que para asegurar su vigencia duradera se deben promover
los procesos de formación continua de los docentes, así como el compromiso institucional que
apoye su implementación, debido a que las metodologías activas, además de mejorar la calidad
de la enseñanza, contribuyen al fortalecimiento de una educación centrada en las personas,
inclusiva e integral orientada al desarrollo.
Eneroabril 2026
Vol. 5, No. 1, 61-71
Doi: https://doi.org/10.69516/m5n9xm64
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